Nuevos propósitos para un nuevo año

propositos

Hemos cambiado de año… ¿y ahora qué? Pues como siempre buenos propósitos para este año que comienza: “me voy a apuntar al gimnasio, voy a empezar a hacer dieta, este año voy a leer dos libros por lo menos, haré el viaje que llevo tiempo pensando, por supuesto estudiaré inglés, a ver si encuentro pareja, haré la reforma en casa que tengo planteada desde hace tiempo, me apuntaré a clases de baile, pasearé en bicicleta… y no puede faltar el dejar de fumar”.

¿Os resuena algo esto? ¿te sientes identificad@ con alguno de estos propósitos? Quizás no sean estos exactamente pero tienes algunos parecidos.

Sea como sea suelen ser propósitos que en nuestro interior resuenan para encontrar esa felicidad que andamos buscando siempre… y además fuera de nosotros.

Desde este humilde BLOG te propongo otra serie de propósitos, un tanto peculiares y diferentes, que quizás te ayuden, por lo menos, a vivir más presente y consciente este año 2018.

Por ejemplo: Regálate tiempo para ti, para estar en paz y poder rebajar tu ritmo diario. Prueba a meditar 15 minutos al día para rebajar tus “rumiaciones mentales” y poder sentirte más presente. Haz algún retiro en la naturaleza, con algún grupo o sólo, el simple hecho de acercarte a la naturaleza de esta manera te hará sentir bien y coger fuerzas para tu vida cotidiana. Lee algún libro que te acerque a tu interior, hay muchos títulos y autores que te pueden ayudar a reconocer tu propio “ser interior”. Practica mindfulness y respira con atención para vivir en el aquí y el ahora. Dedícale tiempo a tus seres queridos y amigos, pero siempre en persona, cerca de ellos con contacto sensorial. Deja un poco de lado las tecnologías, estas son buenas en muchas cosas pero en exceso pueden llegar a dominarnos y apartarnos del presente.

La vida es muy corta y se nos va… pero si la disfrutas momento a momento, situación tras situación, viviendo cada instante con toda tu alegría, atención y energía… es bonita y está aquí para que la disfrutemos.

Cambia tus propósitos para este año y te sentirás mejor… te sentirás FELIZ.

FELIZ AÑO 2018!!!

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¡Si me toca la lotería por fin seré Feliz!

lotería

Todos vamos en busca de la felicidad en el transcurso de nuestra vida. ¿Pero realmente dónde se encuentra la felicidad? Porque todos estamos buscándola ¿no?

Todos pensamos frases como: “cuando me case con mi pareja estaré feliz”, “cuando me compre el coche del anuncio seré el hombre más feliz del mundo” o como la del título ¡si me toca la lotería por fin seré feliz!

¿Pero se consigue la felicidad a través de todas estas situaciones o alguna otra perecida? Los estudios señalan que, por ejemplo, a las personas que les toca la lotería les cambia su percepción de la felicidad durante 6 o 12 meses, y a partir de ahí continúan con el mismo nivel de felicidad que antes de que les tocara la lotería, eso sí, con un poco más de dinero en el banco.

¿Y esto por qué es? Pues porque este tipo de felicidad materialista o emocional (si es con personas), nos lleva a un estado de apego hacia los objetos o personas, y este apego nos proporciona un estado de felicidad engañoso, pues siempre lleva la connotación oculta de sufrimiento añadido.

Sigamos con el ejemplo de la lotería. Me ha tocado y soy feliz, pero a la larga esto me trae problemas. Me aparecen más amigos de lo normal (interesados por supuesto), tengo problemas de herencias, voy con más cuidado por la calle pues llevo más dinero, tengo que fortificar mi casa para que no me roben, estoy preocupado por el coche nuevo pues me lo pueden raspar… Todo esto produce sufrimiento, y con sufrimiento no hay felicidad. Al final, hay gente que hasta dice: “ojala no me hubiera tocado, era más feliz antes”. Aunque esto también vuelve a ser un engaño mental.

La razón de todo esto hay que buscarla en el funcionamiento de nuestro cerebro y de nuestra forma de vida, que es de fuera hacia adentro. Siempre pensamos que la felicidad vendrá de fuera, y con el tiempo te das cuenta de que es al revés.

El ser humano se mueve en el ambiente que le rodea a base de contacto. Contacto percibido por los sentidos: lo que vemos, oímos, gustamos, olemos y tocamos. Estos contactos nos producen sensaciones, que pueden ser de tres tipos: agradables, desagradable y neutras. Y dependen enteramente de las personas, de su pensamiento y de su forma de interactuar con el medio.

A continuación, estas sensaciones nos producen emociones, y aquí es donde empieza el verdadero problema. Algo agradable me puede producir una sensación de alegría y hasta de felicidad, pero lamentablemente esa sensación es pasajera (más o menos tiempo) y ese estado de felicidad no es duradero, con lo que al final me aparece frustración, desánimo e infelicidad.

Pongamos un ejemplo: Estoy en la playa y hace mucho calor. Quiero meterme en el agua del mar. Cuando lo hago siento una sensación de bienestar que me trae felicidad y pienso: “que genial, esto es el paraíso, estaría todo el día metido en el agua”. Pero la verdad es que cuando llevas una hora en el agua estás cansado, aburrido, molesto y quieres salir cuanto antes. De cierta forma has empezado a sufrir… Al salir del agua te tumbas en la arena y piensas: “qué bien se está con este solecito”, pero es el mismo Sol que antes te hacía sufrir por el calor excesivo y ahora no lo percibes de la misma manera.

Como ves toda esta mezcla de situaciones son un sinsentido y no dan la verdadera felicidad. Son momentos agradables o desagradables, eso sí, pero debemos de gestionar esos contactos, sensaciones y emociones de una manera lógica y no apegándonos a ellos como si ya hubiésemos encontrado la felicidad que tan anheladamente buscábamos.

Este tipo de felicidad tiene un nombre y es FELICIDAD HEDÓNICA. En otro post iremos viendo otros tipos de felicidad para ver si encontramos la que todos buscamos.

Disfruta del momento, vívelo, pero no te apegues a las cosas, situaciones o personas sino acabarás sufriendo porque todo en algún momento se acaba o desaparece.

Esquema felicidad

¿Estresad@? Yo no… si estoy normal…

Cuando estoy en el trabajo rodeado de compañeros, y en esos intervalos distendidos en los que te tomas un café por las mañanas, suele ser habitual oír conversaciones de este tipo:

Mujer 1: ¡Estoy cansadísima! no puedo con el trabajo, la casa, los niños… ¡Termino el día agotada!

Hombre 1: A mí me pasa algo parecido. No tengo tiempo para nada. Estoy deseando empezar a leer un libro y me es imposible. En cuanto llego me tumbo en la cama y me duermo del cansancio que tengo.

Mujer 2: Eso tú que te duermes pero a mí me cuesta horrores. Me paso una hora dándole vueltas a la cabeza con la cantidad de cosas que no he podido hacer durante el día, e intentando planear cuando las voy a poder realizar.

Mujer 1: Con este cansancio que tengo he ido al médico y me ha dicho que todo esto es debido al estrés. ¿Pero cómo va a ser estrés si esto es normal? Esto le ocurre a todo el mundo… ¿no?.

Y aquí es donde radica nuestro problema. El estrés excesivo es el principal mal de nuestros días en las sociedades avanzadas, pues vivimos en un entorno de máxima velocidad, productividad, información excesiva, en modo “hacer” continuo y con muy poco tiempo, o ninguno, para dedicarlo a nosotros mismos, y a las cosas y personas importantes.

Vamos rápidos a todos los lados. Y aunque tú no tengas prisa, el resto de transeúntes te arrastra a una velocidad infernal que es debida al flujo cotidiano de la vida en la ciudad.

El estrés, como iremos viendo en siguientes artículos, es necesario para los seres de este planeta y nos ha traído hasta aquí durante la evolución del ser humano, pero ahora estamos sobrepasados y nuestra mente no es capaz de gestionar ni discernir en lo que puede ser importante reaccionar con estrés y en lo que no.

Por ejemplo, estresarme porque una familiar se acaba de cortar y le tengo que llevar rápidamente a un centro de salud, es lógico, está bien y así funciona nuestro estrés puntual, de forma efectiva y concreta. Pero… estresarme porque tengo que ir a por los billetes de avión de mis vacaciones de dentro de 15 días, es exagerado. Pero resulta que para la mente y nuestro cuerpo, el estrés es el mismo y va a reaccionar de la misma manera. El funcionamiento de nuestros órganos internos así como las hormonas y químicos segregados en nuestra sangre, producen los mismos efectos en nuestro cuerpo.

Luego… tenemos que aprender a discernir entre lo que es estrés del bueno (euestrés) y estrés del malo (distrés), para nuestra salud.

¿Te parece interesante? ¿Quieres seguir viviendo de esta manera tan estresada? y ¿con la sensación continua de no tener tiempo para nada?  Si tu respuesta es NO lo tienes fácil. Sigue este BLOG y poco a poco, sin prisas y ¡SIN ESTRÉS! te iré descubriendo herramientas útiles para que puedas producir un cambio significativo en tu vida. Yo ya llevo haciéndolo durante un tiempo…

Pero, si crees que estás bien como estás y que no necesitas ningún cambio… mejor no sigas perdiendo más tiempo (pues ya tienes poco) y no sigas el BLOG.

Un saludo y bienvenid@.